La Desconocida del Sena

Columna “A la sombra de los deseos en flor”, revista Domingo de El Universal, 23 de febrero de 2014. http://www.domingoeluniversal.mx/columnas/detalle/La+Desconocida+del+Sena-2180

La Desconocida del Sena

Ana Clavel

Hace años leí una historia maravillosa sobre una muchacha que despierta en el fondo del río Sena. Va flotando entre las aguas sin saber su propio nombre, sin recordar si se suicidó o la asesinaron, hasta que llega a una colonia de seres como ella que viven bajo el agua y entonces… El cuento, de una delicadeza y una imaginación portentosa, se llama La Desconocida del Sena y su autor es Jules Supervielle (1884-1960), quien la publicó en 1931: “Viajaba ignorando que sobre su rostro brillaba una sonrisa, si bien trémula más persistente que la sonrisa de un vivo, siempre a merced de cualquier cosa…”

Philippe Hugonnard, Muelles del Sena

Philippe Hugonnard, Muelles del Sena

Entre cuento de hadas e historia surrealista, el relato de Supervielle, con su urdimbre fantástica, plagada de imágenes fascinantes e insólitas, puede hacernos creer que todo es obra de la creatividad de su autor. Pero al parecer “la Inconnue de la Seine” tiene una historia previa —lo cual no va en detrimento del escritor de lengua francesa que retomó un tópico de su época para llevarlo a una realización hasta entonces… desconocida—. La historia “real” va así: hacia fines del XIX, fue encontrado el cuerpo de una joven mujer ahogada en las aguas del río Sena y puesto en exhibición pública en la morgue para que lo identificaran sus posibles deudos. Pero el cuerpo no fue reclamado. Un asistente del médico forense, fascinado con el dulce y bello rostro de la joven, le tomó un molde de yeso. Al poco tiempo la máscara apareció a la venta en varios establecimientos y la joven desconocida se convirtió en musa de artistas y legos.

supervielle-jules-la-desconocida-del-sena-borges-norah-il-4121-MLA140746169_4393-O

 

Por su sonrisa tenue, Albert Camus se refirió a ella como la “Mona Lisa ahogada”. Nabokov le dedicó un poema, Rilke la cita en sus Cuadernos de Malte Laurids Brigge. A la lista de escritores se suman Maurice Blanchot, Céline, Anaïs Nin, Louis Aragon y el fotógrafo Man Ray. En su leyenda aletean resabios de las ondinas, sirenas, ninfas, de Isolda y la dama de Shalott, de la Ofelia de Shakespeare. En 1934, Conrad Muschler publica La Desconocida, relato sobre Madeleine Lavin, una joven de provincia que es seducida por un hombre de mundo. Abandonada en París por su amante, se arroja al río con una sonrisa que es señal de su liberación absoluta.

Tamara Lichtenstein, Agua

Tamara Lichtenstein, Agua

El tema de la sonrisa también ha dado pie a la duda. Según Pascal Jacquin, jefe de la brigada fluvial de la policía parisina, no es posible que un ahogado tenga una sonrisa tan placentera, su rostro se hincha, se deforma. Por su parte Michel Lorenzi, director de la fábrica de máscaras más prestigiada en Francia, niega que la joven estuviera muerta cuando se tomó el molde. Debido a que es difícil mantener una sonrisa mientras se hace uno, deduce que se trataba de una modelo profesional.

No obstante, además del destino literario que le ha inventado varios orígenes, entre ellos el de actriz húngara en un blog de nuestros días, la suerte de la Desconocida del Sena ha sido prolífica en otro ámbito. En 1955, Asmund Laerdal, exitoso fabricante de juguetes, fue contratado para diseñar un maniquí con el que los aprendices de la técnica de reanimación cardiovascular pudieran practicar. Laerdal deseaba que su maniquí tuviera una apariencia natural, así que se decidió por el rostro de la joven ahogada, llamándola Resusci Anne.

MASCARA

Es como si la leyenda reclamara salvar a la muchacha de las aguas de la muerte, pero en los hechos, con la práctica de millones de personas entrenadas en la respiración de boca a boca, la bella joven, cuya historia sigue siendo un misterio, prodiga dócilmente el beso de la vida. Como diría Supervielle al final de su relato, cuando la Desconocida del Sena encuentra por fin su destino en una libertad más alta y auténtica: “Entonces volvió a sus labios su sonrisa de ahogada errante”.


Deja un comentario