Versiones masculinas de Lolita

Columna “A la sombra de los deseos en flor”, revista Domingo de El Universal, 8 noviembre 2014:

http://www.domingoeluniversal.mx/columnas/detalle/Versiones+masculinas+de+lolita-3019

 

Versiones masculinas de Lolita

Ana Clavel

Así como Nabokov usa el término “nínfula” para las vírgenes fatales, también emplea la palabra “fáunulo” para su contraparte masculina: los niños tentadores. Si convenimos en que Alicia es la hermana menor de Lolita, Peter Pan lo sería del fáunulo. Como si los hados literarios se confabularan para trazar las genealogías pertinentes, el apellido de Peter alude directamente a la mitología y al dios Pan, deidad de los pastores, rebaños, la fertilidad y la sexualidad masculina desenfrenada. Historia del niño que se niega a crecer y que resguarda los poderes mágicos de la infancia, Peter Pan representa esa forma acabada del ideal de pureza perseguido por el arte victoriano. Su creador, James Mathew Barrie llegó a afirmar que “nada pasa después de los doce años que importe mucho”. En el comienzo de Peter and Wendy (1911), título original del libro impreso, llega incluso a señalar:

Todos los niños crecen, excepto uno. No tardan en saber que van a crecer y Wendy lo supo de la siguiente manera. Un día, cuando tenía dos años, estaba jugando en un jardín, arrancó una flor más y corrió hasta su madre con ella. Supongo que debía de estar encantadora, ya que la señora Darling se llevó la mano al corazón y exclamó:

—¡Oh, por qué no podrás quedarte así para siempre!

No hablaron más del asunto, pero desde entonces Wendy supo que tenía que crecer. Siempre se sabe eso a partir de los dos años. Los dos años marcan el principio del fin.

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En la vida del propio autor se presentaron una serie de sucesos que lo marcarían para entronizar la infancia como un estado indeleble. Cuando Barrie cumplió seis años, murió su hermano mayor, David, de entonces 14 años. David era el favorito de su madre por lo que ella se sumió en una profunda depresión. El pequeño Barrie intentó reconfortarla vistiéndose con las ropas del hermano muerto y haciéndose pasar por él. Se ha llegado a pensar que esta situación traumática estuvo detrás de su tendencia al enanismo pues Barrie, como su personaje Peter Pan, apenas superó el metro y medio de estatura ya de adulto.

Pero si de “gracia letal” semejante a la de Lolita hablamos, no hay mejor contraparte que el adolescente de 13 años de La muerte en Venecia (1912) de Thomas Mann: Tadzio. Veamos cómo lo describe Mann, cuando Gustav Aschenbach, el protagonista de la historia, lo descubre en la playa:

La visión de aquella figura viviente, tan delicada y tan varonil al mismo tiempo, con sus rizos húmedos y hermosos como los de un dios mancebo que, saliendo de lo profundo del cielo y del mar, escapaba al poder de la corriente, le producía evocaciones místicas, era como una estrofa de un poema primitivo que hablara de los tiempos originarios, del comienzo de la forma y del nacimiento de los dioses.

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Los sentimientos que desata el muchacho en el protagonista empiezan por emerger desde un lado celeste y apolíneo, para muy pronto descubrir que la contemplación de la belleza juvenil también tiene un lado mórbido y carnal. Y avasallado por la inocencia del joven, el hombre maduro se rinde a “la secreta concupiscencia del deseo”.

Se sabe que Tadzio tuvo su origen en un personaje real que Thomas Mann conoció en 1911 en Venecia, cuando se hospedó en el Grand Hôtel des Bains de Lido, el mismo lugar donde se albergaría Ascenbach en la novela. Su nombre: el barón polaco Wladyslaw Moes (1900-1986), también conocido en su círculo familiar como Adzio. El propio barón, quien tenía diez años cuando visitó Venecia en la ocasión en que lo conocería el autor alemán, no se percató de la situación hasta ver la película homónima de Visconti (1971). Entonces descubrió la pasión que había desatado sin saberlo, inconsciente como Lolita, de su fantástico poder.

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