Día Domingo

Columna “A la sombra de los deseos en flor”, revista Domingo de El Universal, 20 de enero de 2013. http://www.domingoeluniversal.mx/columnas/detalle/D%C3%ADa+domingo-1193

La brillantez del domingo nos recuerda que las bicicletas no sólo son para el verano. Es el día de los paseos y de los placeres dilatados.Por su ritmo sosegado, desde otros tiempos se le destinaba para visitar la Alameda, Xochimilco, Chapultepec. El pintor Diego Rivera plasmó su esencia de día solar en el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda central…

Día Domingo

Ana Clavel

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Los perros ladran, las vacas mugen, los gansos graznan, los patos parpan, los elefantes barritan. Cada cosa un nombre. En el habla popular usamos “dominguear” para aludir a los placeres del santo día de descanso y recreación. Sólo el sábado tiene un verbo propio (“sabadear”) con una connotación semejante de disfrute. Al parecer, domingo y sábado son los únicos días que nos atrevemos a conjugar a despecho de la norma académica, como si quisiéramos saborear y prolongar su gusto en la boca. Será porque son días gozosos, mientras el resto no logra conjuntar más que rutina y labor. Tal vez por eso el fin de semana busca extenderse en la juguetona y holgada expresión “tomarse un San Lunes”.

Según el Génesis, Dios reposó el día séptimo de toda su creación y lo bendijo. Para la tradición cristiana, es el día de la resurrección, el Dominicus dies, día del Señor. De ahí que goce de privilegios, dominio y autoridad. Tan es así que cuando algunas palabras salen de paseo, por provenir de un saber culto o libresco, decimos de ellas que son “palabras domingueras”, dichas para impresionar como las mejores prendas que usábamos los domingos para ir a la iglesia o a la comida familiar. Para los niños que fuimos es evocación de fiesta y carrusel, de globos y nubes de algodón rosado. No ha de ser fortuito que al término del mismo sobrevenga una melancolía “del día de ayer” o de las cosas perdidas. En nuestras ciudades meridionales, hay pocas cosas más tristes que un domingo lluvioso y sin sol. Puede haber otros días grises y deslucidos, pero un domingo nublado es capaz de deprimir a cualquiera. Disociar al domingo de la luminosidad es tanto como provocar una catástrofe íntima.

La brillantez del domingo nos recuerda que las bicicletas no sólo son para el verano. Es el día de los paseos y de los placeres dilatados. Por su ritmo sosegado, desde otros tiempos se le destinaba para visitar la Alameda, Xochimilco, Chapultepec. El pintor Diego Rivera plasmó su esencia de día solar en el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda central (1948), crisol en el que pasado y presente históricos se dan la mano con la historia propia: entre globos festivos, próceres, traidores, suripantas, obreros, peladillos, gente de alcurnia, el niño Diego pasea en traje de domingo, de la mano de una elegante y huesuda Catrina, mientras de sus bolsillos asoman una rana y una culebra como singulares juguetes vivos.catrina-1

Del domingo es conocida su generosidad proverbial, la ocasión para compartir y dar las gracias periódicamente, el cierre de un ciclo breve. A manera de mesada o premio, qué alegría la ilusión tintineante de unas monedas en las manos de un muchacho que acaba de recibir su domingo. La prodigalidad suele extenderse: muchos museos y espectáculos son gratuitos en domingo. Ese día hasta las criadas y asistentas, como el buen Dios, descansan. Su placidez suele hacernos aspirar a convertir cada jornada en un “domingo de la vida”. Suele ser también día de reconciliación y esperanza. No en balde el poeta Jaime Sabines pidió: “¡Danos, Señor, la fe en el domingo, la confianza en las grasas para el pelo, y la limpieza de alma necesaria para mirar con alegría los días que vienen!”

Sonreír en domingo: señal de que la vida puede ser una bendición. Sol manso de los tiempos de la voluntad que persiste, chisporrotea y vuelve a arder; fruta que se desgaja por las comisuras de unos labios que se curvan en una promesa: la vida que sigue o recomienza. Domingo, himno que se levanta entre ruinas. ¿Será por eso que su huella sonora es cadencia de melodía semanal, dulce de música que se paladea en tonos juguetones y cantarinos: Do-min-go?

 


¿Cucaracha o escarabajo?

Un «monstruoso insecto» es como define Kafka a Gregorio Samsa. Muchas veces se le ha descrito como una cucaracha pero también como un escarabajo. Por las maravillas de la red, di con el blog de Noel que traduce las opiniones de un experto lepidopterista, Vladimir Nabokov, sobre La metamorfosis y el tipo de insecto descrito por el escritor checo.

Leer a Kafka antes de morir

Recordemos el comienzo de La metamorfosis: «Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos».

En el texto de Nabokov sobre esta obra, basándose en su experiencia como especialista, se revela la identidad del tipo de insecto en que se ha convertido Gregorio: un escarabajo. La ironía sobre las alas del escarabajo que Samsa nunca llega a descubrir es, por supuesto, una de las sutilezas que caracterizan la escritura del genial escritor ruso:

«¿Qué es exactamente el insecto en el cual el pobre Gregorio, el sórdido viajante de comercio, se ha transformado de forma tan repentina? Obviamente pertenece a la rama de los artrópodos, a la cual pertenecen los insectos, arañas, ciempiés y crustáceos. Si las “numerosas piernas” mencionadas en la narración significan más de seis piernas, entonces Gregorio no puede ser un insecto desde el punto de vista zoológico. Pero sugiero que a un hombre tendido sobre su espalda que observa que tiene al menos seis piernas vibrando en el aire, le puede parecer que seis piernas son suficientes para ser llamadas “numerosas”. Por tanto, asumiremos que Gregorio tiene seis piernas, y por tanto es un insecto.

Próxima pregunta: ¿qué insecto? Muchas personas dicen que una cucaracha, lo cual por supuesto no tiene sentido. Una cucaracha es un insecto de forma plana y con largas piernas, y Gregorio es cualquier cosa menos plano: es convexo en ambos lados, vientre y espalda, y sus piernas son pequeñas. Se parece a una cucaracha en un solo aspecto: su color es carmelita. Esto es todo. Aparte de esto tiene un enorme vientre convexo dividido en segmentos y una espalda dura y redonda, en la que podría haber una cubierta para alas. En los escarabajos esta cubierta esconde pequeñas alas, que se expanden y los pueden transportar a lo largo de varias millas en un vuelo errante. Curiosamente, Gregorio el escarabajo nunca se da cuenta de que tiene alas bajo la dura cobertura de su espalda. (Esta es una muy buena observación de mi parte para que la atesoren por el resto de sus vidas: algunos Gregorios, Joes y Janes no saben que tienen alas). Además, tiene unas fuertes mandíbulas. Él usa estos órganos para darle vuelta a la llave en la cerradura mientras se mantiene erecto sobre sus piernas traseras, en su tercer par de piernas (un par de piernas fuertes), y esto nos da el tamaño de su cuerpo, el cual es de cerca de tres pies de largo. En el transcurso de la historia se va acostumbrando gradualmente a usar sus nuevos apéndices –sus pies, sus antenas. Este escarabajo carmelita, convexo y del tamaño de un perro, es muy ancho. Me imagino que debe lucir de esta forma:

 

En el texto original en alemán la vieja sirvienta lo llama Miskäfer, un “escarabajo rinoceronte”. Es obvio que la buena mujer le está añadiendo el epíteto solo por ser amistosa. Técnicamente, él no es un “escarabajo rinoceronte”. Es simplemente un escarabajo gigante (Debo añadir que ni Gregorio ni Kafka vieron el escarabajo muy claramente).»

Aquí el link de la conferencia de Nabokov en el blog de Noel: http://latraduccion.blogspot.mx/2007/09/vladimir-nabokov-sobre-la-metamorfosis.html


El verdadero rostro de «El origen del mundo»

Columna “A la sombra de los deseos en flor”, revista Domingo de El Universal, 3 de marzo de 2013. http://www.domingoeluniversal.mx/columnas/detalle/El+verdadero+rostro+de+El+origen+del+mundo-1302

Courbet apostó por el protagonismo estético del vientre de una mujer y de ahí el escándalo del tema, que no habría sido el mismo si hubiera pintado el cuerpo entero. Es que esa pintura siempre ha tenido rostro y nos mira descarnada y provocadoramente.

El verdadero rostro de «El origen del mundo»

Ana Clavel

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Como si se tratase de la trama de una novela de suspenso, existe la historia de un cuadro que desde su creación ha sido objeto de ocultamientos, codicia, polémica y censura. Literalmente es una obra escandalosa pues en su origen la palabra «escándalo» es una piedra que amenaza con hacernos caer o trastabillar. Se trata del cuadro El origen del mundo del pintor francés Gustave Courbet, un lienzo de apenas 55 x 46 cm que representa un vientre femenino desnudo.

Desde 1866 en que fue pintado y vendido a Khalil-Bey, ministro de Asuntos Exteriores del Imperio Otomano, el cuadro no hizo más que sortear aventuras para llegar al gran público. A los pocos años una bancarrota obligó al ministro turco a subastarlo y a partir de entonces pasa por varios coleccionistas y sus huellas se desvanecen al grado que llega a dudarse de su existencia. Se sabe que en 1913 lo adquiere el pintor húngaro Ferenz Hatvany, cubierto por otra pintura de Courbet. Poco después, el cuadro vuelve a perderse y tras la segunda guerra llega a ser parte del botín, primero de los nazis y después de los soviéticos. Tras varias intrigas y rescates, reaparece en 1947. Poco más tarde lo adquiere en secreto el psicoanalista Jacques Lacan, quien lo oculta bajo un panel pintado por el surrealista André Masson con una versión libre del cuadro original. Será hasta la muerte de Lacan en 1981 que sus herederos vendan el cuadro al gobierno francés.

¿Qué tenía de prohibido este cuadro para vivir tales peripecias? Fueron 130 años los que El origen del mundo –nombre que se le atribuyó a comienzos del siglo XX– permaneció lejos de la vista del público pues sólo hasta 1995 la pieza maestra se exhibió en el Museo de Orsay, lugar que la resguarda hasta la fecha. Ahí dormía el sueño de los justos, admirada y visitada por legiones atraídas por la verdad frontal de su tema y por la leyenda que la rodeaba. Dos novelas habían narrado sus avatares: Le roman de l’Origine de Teyssèdre (1996) y El origen del mundo de Michon (2012).

Foto: Rogelio Cuéllar, 2006

Foto: Rogelio Cuéllar, 2006

Fiel a su espíritu iconoclasta, la obra ha vuelto a ser piedra de escándalo. En su edición del 7 de febrero pasado el semanario Paris Match dio a conocer a un coleccionista que decía poseer una pintura con el rostro de la mujer que supuestamente había posado para el cuadro «completo», y que habría sido recortada de la tela original. La obra fue comprada en una casa de antigüedades por 1,400 euros pero, de comprobarse la información, podría valuarse en 40 millones de euros. Según Jean-Jacques Fernier, autor del catálogo razonado de la obra del pintor, las pruebas de rayos X y espectrometría de infrarrojos aplicadas apuntaban a confirmar la historia. Incluso se mencionó el nombre de la modelo que habría posado para Courbet y para su amigo el pintor británico James Whistler: la irlandesa y amante de ambos, Joanna Hifferman. (Y claro, hasta se especuló sobre la ruptura de la amistad de los artistas por un motivo de celos.)

Tras un silencio moderado, el Museo de Orsay descalificó la noticia como «una hipótesis fantasiosa». Muchas opiniones han corrido desde entonces por especialistas y legos atraídos por los entretelones detrás del cuadro. Pero no se dice lo importante: que Courbet apostó por el protagonismo estético del vientre de una mujer y de ahí el escándalo del tema, que no habría sido el mismo si hubiera pintado el cuerpo entero. Es que esa pintura siempre ha tenido rostro y nos mira descarnada y provocadoramente. Por si alguien tiene alguna duda, basta con ver el cuadro: el verdadero rostro de El origen del mundo es ese pubis femenino cuyos labios entreabiertos sonríen… y ahora se burlan de nosotros.


Un arma no tan secreta

Columna “A la sombra de los deseos en flor”, revista Domingo de El Universal, 17 de febrero de 2013. http://www.domingoeluniversal.mx/columnas/detalle/Un+arma+no+tan+secreta-1266

Independientemente del tamaño, Buñuel, Hemingway, Gurrola sabían muy bien que los mejores martinis se toman en las copas de un brassiere recién desprendido.

Un arma no tan secreta

Ana Clavel

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Si para los hombres el asunto de las prendas íntimas femeninas tiene que ver con echar a andar la imaginación y la fantasía eróticas, así como la puesta en práctica para quitar tales prendas con probada maestría, para las portadoras suele revestir peculiaridades propias. Una amiga, por ejemplo, me contó que el primer día que usó un sostén no se lo quitó ni para dormir, tal era el encanto de sentirse mujer por el simple hecho de poder usarlo. Otra más me dijo que le parecía tan hermoso con sus encajes y sus flores de aplicación en seda, que se levantaba la blusa frente a propios y extraños para presumirlo. Por el contrario, le he escuchado confesar a otras mujeres con convicciones feministas que se rehusaron a ponérselo hasta que fue verdaderamente inevitable  —los senos generosos suelen ser particularmente sensibles a la ley de gravitación universal.

Pariente cercano del corsé que vio su apogeo en los siglos XVIII y XIX, el sostén (brassiere, sujetador, o simplemente bra), remonta sus orígenes a Grecia y Egipto donde se empleaban prendas sui generis de lino. En la arqueología de la prenda que sostiene dos mundos correspondió a Hermine Cadolle diseñar en 1889 un modelo con dos pañuelos que se unían al centro y se sujetaban por los hombros, y a Ida Rosenthal confeccionar en los años 20 los primeros sostenes por tallas según el tipo de sus copas: A, B, C y D.

Independientemente del tamaño, Buñuel, Hemingway, Gurrola sabían muy bien que los mejores martinis se toman en las copas de un brassiere recién desprendido. Tampoco falta quien goza con sólo contemplarlos, como el voyeur del cuento «Delta de Venus», extasiado ante uno que dejaba ver los pezones rosados de la protagonista a través de unos pequeños triángulos, y a quien le confiesa: «No se preocupe, no voy a tocarla. Me gusta sólo ver la ropa interior».

Si bien la afamada marca Wonderbra data de 1939, no será hasta los 90 que se convierta en un hito comercial en el mundo. La clave radicó en la belleza de las prendas y las sexys modelos que las portaban, pero también en slogans que subrayaban el poder de los atributos corporales femeninos por encima de cualquier otro tipo de razones: «Wonderbra: tu arma no tan secreta» en el anuncio espectacular de una voluptuosa Eva Herzigová, que causó más accidentes de auto que semáforo descompuesto.

Victoria's Secret Fashion Show 2001

Por contradictorio que parezca el sujetador representó en el momento de su producción en serie una liberación para las mujeres. Hermine Cadolle lo calificó de «le bien-étre», un «bienestar» frente a la incomodidad del corsé y del miriñaque. Pero para los convulsivos años 60 representó un instrumento de dominación ideológica que desató la famosa quema de brassieres por grupos feministas en varios puntos del planeta.

A pesar de que muchas mujeres hoy en día disfrutan la libertad de andar a su aire  —despertando la libido ante el más mínimo movimiento bamboleante—, el sostén ha continuado su apogeo como prenda fetiche y no son pocos los que compran lencería a esposas y amantes, incluso con incrustaciones de diamantes que elevan su costo a miles y millones de dólares como los modelos de colección de Victoria’s Secret.

La verdad es que por más ánimos iconoclastas que se tengan, portar un hermoso modelo de lencería con encajes y bordados puede hacer decir a más de una mujer liberada que, al menos de vez en cuando, es bueno ser objeto de la fantasía erótica de un hombre o una mujer deseados. Aunque, por supuesto, para los buenos amantes no hay sostén ni prenda que valga ante el sol de una mirada ardiente. Lo dijo Octavio Paz en un poema de su libro Hacia el comienzo: «tus pechos maduran bajo mis ojos».